Era pequeño y aun tengo vivo el recuerdo;
una espera insaciable de verlo.
La puerta se habría, que alegría
La puerta se cerraba, yo y el silencio.
Jugaba a lo más apasionantes romances,
Perdiéndome en los callejones estrechos.
A lo lejos lo divisaba, corría, saltaba, volaba;
como los animales libres
en los campos abiertos.
Mi piel busca su forma,
y sus minúsculos huesos polvorientos;
yacen esparcidos,
al son de los vientos,
al ritmo del tiempo.
Aun aguardo en silencio,
la esperanza viva de verlo;
en las puertas de mi infancia
o tal vez en las puertas del Edén
al cual espero .
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