martes, 5 de julio de 2016

Eterno amor

Hebreos 4:16
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

Era un viernes por la noche de intenso frio, y en una de las bancas aisladas de la única plazuela de la ciudad, estaba Orlando, al lado de su madre y algunas sobrinas. La angustia que tenía en su corazón, era tan notorio, que  me aproxime a preguntarle qué le sucedía.­  Abriendo su corazón me decía: hace ya algunos días que no consigo dormir, y mi  alma esta perturbada, tengo sueños terribles que no quiero traerlos a la recordación, y otras veces tengo ganas de internarme en el bosque y permanecer ahí, para que nadies  pueda notar mis tormentos.

-      Permite orar por usted aceptaría, si me dijo maravillado, entonces  todos concordamos  en ir a mi casa a algunas cuadras del lugar donde nos encontramos y ahí oramos.

Una semana después, conjuntamente con los miembros de la iglesia, fuimos hacer un culto familiar en la casa de Orlando. Antes de dar inicio, pregunte a los miembros. ¿Cuántos han sido gratos a Dios por las cosas que él ha hecho en su vida?
Con una alegría en el corazón Orlando respondió: soy grato  a Dios,  y por los hermanos que vinieron a orar por mi vida espiritual, no conseguía consolidar el sueño, ahora duermo tranquilamente.

Dios continua teniendo un corazón compasivo, para con sus hijos, su ayuda en momento de angustia, es la plena manifestación de su eterno amor y cuidados, diciéndonos: No estamos solos en estos  nebulosos valles, yo estoy contigo.