Hebreos
4:16
Acerquémonos,
pues, confiadamente al trono
de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno
socorro.
Era un
viernes por la noche de intenso frio, y en una de las bancas aisladas de la
única plazuela de la ciudad, estaba Orlando, al lado de su madre y algunas
sobrinas. La angustia que tenía en su corazón, era tan notorio, que me aproxime a preguntarle qué le sucedía. Abriendo su corazón me decía: hace ya algunos
días que no consigo dormir, y mi alma
esta perturbada, tengo sueños terribles que no quiero traerlos a la recordación,
y otras veces tengo ganas de internarme en el bosque y permanecer ahí, para que
nadies pueda notar mis tormentos.
-
Permite orar por usted aceptaría, si me dijo maravillado,
entonces todos concordamos en ir a mi casa a algunas cuadras del lugar
donde nos encontramos y ahí oramos.
Una semana
después, conjuntamente con los miembros de la iglesia, fuimos hacer un culto
familiar en la casa de Orlando. Antes de dar inicio, pregunte a los miembros. ¿Cuántos
han sido gratos a Dios por las cosas que él ha hecho en su vida?
Con una
alegría en el corazón Orlando respondió: soy grato a Dios, y por los hermanos que vinieron a orar por mi
vida espiritual, no conseguía consolidar el sueño, ahora duermo tranquilamente.
Dios
continua teniendo un corazón compasivo, para con sus hijos, su ayuda en momento
de angustia, es la plena manifestación de su eterno amor y cuidados, diciéndonos:
No estamos solos en estos nebulosos
valles, yo estoy contigo.
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