Ulises era un niño, como cualquier otro, cariñoso, parlanchín, atento y soñador. Amaba la naturaleza y cuidaba muy bien de ella. Cierto día en la plazuela los pensamientos, jugaba a los columpios con otros niños de su edad. Era de tarde, cuando de repente divisando a lo lejos y en medio de sus destrezas para abalanzarse, freno tan rápido como pudo y corrió tan deprisa como nadie lo hubiese hecho antes, igualando a los records de los más grandes atletas; para decirle simplemente a Don Gustavo que no es dable, votar los desperdicios en el suelo; es necesario preservar nuestra naturaleza y no contaminarla. Arrojando los desperdicios en los tachos, podríamos evitar muchos prejuicios ambientales. Don Gustavo avergonzado por su actitud solo atinó a decir que a partir de este momento iba a cambiar sus hábitos y apoyar esta noble tarea.
Una cierta mañana Ulises, ayudaba a su abuelita Genoveva a limpiar el corral de los animales, observo detenidamente como el cerdito Agripin ; se deleitaba en el vuelo peculiar de ciertas aves y en sus pensamientos solía decir como quisiera volar como ellas.
No lo podría creer, Ulises acabo de escuchar con claridad los pensamientos del cerdito queriendo volar. Inmediatamente salió corriendo a contarle la noticia a sus padres y incluso a su abuelita, más la única respuesta que obtuvo fue ː Ulises, hijo los cerdos no vuelan, necesitas descansar.
Incomodado por los pensamientos de Agripin, esa noche no consiguió dormir, pensando en las multiformas de como poder ayudarlo a volar y cumplir su anhelado sueño.
Al día siguiente a muy temprana hora, fue a la biblioteca de la ciudad a procurar en los libros de ciencias, algún invento descubierto, para poder ayudar a Agripin volar. Mas las búsquedas fueron entristecedoras. Pensó en construir un avión para que Agripin volase, mas no contaba con el dinero suficiente para construirlo, era apenas un niño.
En cuanto caminaba en una calle angosta de su ciudad,una pluma se deslizo sobre sus vistas y de repente el foco se le prendió.Ya tenga una excelente idea exclamo sonriendo. Al día siguiente muy de mañana, recogió todas las plumas de las aves que encontró, en el corral de su abuela, vecinos y amigos. Comenzando así a diseñar con mucha cautela, algunas alas similares a las de las aves, que emprendía en cualquier momentos sus vuelos. Cuando el trabajo estaba todo terminado, era necesario emprender el vuelo.
Ulises coloco nuevas alas a Agripin y dio algunas explicaciones minuciosas, de hecho Ulises Creía que Agripin, era un cerdito diferente a los otros; asegurando haber comprendido, todo lo que lo que le dijera antes de volar. Pocos minutos después, fue llevado a una colina apropiada con vientos muy favorables, dispuestos a aventurarse a la gran travesía jamás realizada.
Agripin lleno de mucha valentía, movió las alas y emprendió su inesperado vuelo. Que felicidad Ulises no para de reír y llorar, al ver al cerdito volar como las aves del cielo.
En un acto de gratitud cada otoño de cada año, Agripin visita a Ulises, con vuelos fantásticos que aprendió con otras bandadas, en cuanto Ulises suspira alegre, en su ventana de su recamara.
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