“Es, pues,
la fe la certeza de lo que se espera, la
convicción de lo que no se ve, por ella alcanzaron buen testimonio los
antiguos”. Hebreos 11.1
No hay un
lugar específico para hacer una buena amistad; esta puede se dar en cuanto
hacemos compras en el supermercado; o estar
parados talves; en una esquina esperando
el señalero verde para pasar, en fin no existe un lugar fijo.
Cuando
conocí a Neia fue a través de una
invitación de Eder un muchacho de 17 años, para cenar en su casa. A partir de
ese día nuestra amistad se hizo más intensa. En cuanto conversábamos, ella me
conto algo increíble que conmovió mi corazón: - Estaba desempleada y no tenía
como dar de comer a mis hijos, estos eran pequeños todavía; mi situación se
hacía cada vez más angustiante y de repente un día por la tarde, una señora me
estaba procurando me dijo: - ¿ Es usted
es Neia la costurera? - sí , yo soy la respondí - Que bueno que es usted, la
estaba buscando incesantemente. Usted tiene una amiga que la está buscando para
trabajar en Minas Gerais (Brasil), aceptas ir mañana conmigo.- y en un acto de
fe respondí que sí y cuando llegue ahí; yo no era la persona a
quien buscaban. Mas como sabia cocer, me quede y con el tiempo, hice mi propia
empresa, hasta que esta quebró, por completo por una estafa de cheques sin
fondos, luego retorne a sao Paulo. Mas fue así que conseguí comprar mi casa donde
vivo, luego me vino una enfermedad que me impido caminar, mas tengo fe en Dios
que mi situación va a mejorar y así podre caminar nuevamente.
La fe
deposita en Dios crea confianza en su palabra; muda situaciones que parecen
irreversibles, por su infinita bondad y su inconmensurable misericordia;
manteniendo así la llama encendida en
sus promesas eternas.
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