Porque del
interior de los corazones de los hombres salen
los malos pensamientos, los adulterios, las prostituciones, los
homicidios (Marcos8:21)
Hay una
frase muy popular hablada en mi país de origen; cara vemos, corazones no
sabemos. Tal vez, la parte externa no
dice mucho del carácter o principios, reflejados en el corazón de un hombre; esto
va un poco más de lo que podemos
imaginar y pensar.
Los
fariseos y los escribas seguían las tradiciones de los ancianos y no los mandamientos de Dios, ellos
cuestionaban en esta pasaje bíblica, la indignación de los discípulos de Jesús
por no lavar sus manos en cada alimento que ingerían. En defensa a sus discípulos, Jesús apelaba: Este
pueblo de labios me honran, mas su corazón está lejos de mí, pues en vano me honran, enseñando
doctrinas, mandamientos de hombres. (Marcos7: 6,7,8)
Los
mandamientos de Hombres, invalidan la eficacia y el poder de Dios, tornándola
altamente nociva tanto en los
enseñamientos, como en los caminos que
nos conducen para la salvación y vida eterna.
No todos tenemos un buen tesoro dentro de
nuestros corazones; las conveniencias del día a día con los demás, nos revelan esta perspectiva de sentir y ver estas cosas.
Por sus frutos serán conocidos.
Nuestro
corazón es el mana de la vida, de ellas salen las fuentes de su esencia: incluyendo su carácter, la
manera de pensar, acciones a tomar y decisiones a encarar.
Lo que
contamina nuestro corazón, no está en los alimentos que ingerimos, sino de la
abundancia de palabras que salen del corazón, contaminándola. Es por esta razón
que necesitamos de un nuevo corazón; siendo moldeado y transformado por la gracia salvadora de
Jesucristo.
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