En Dios solamente
esta callada mi alma; De él, viene mi salvación. Él solamente es mi roca y mi salvación;
Es mi refugio, no resbalare mucho. Salmos 62.1,2
En los
momentos de aflicciones solemos formular muchos cuestionamientos y interiorizar
nuestro ser, procurando respuestas a los más diversos acontecimientos que nos
suceden en la vida. Buscamos formulas, métodos, estrategias para una pronta solución,
percibiendo que ninguno de nuestros esfuerzos valieron la pena, para cambiar el
cuadro ocurrido.
Cuando
nuestros ojos se elevan para lo alto; entendemos otra perspectiva de ver las
cosas; entendiendo que Dios permite situaciones no con el fin de abalarnos;
sino con el fin de tornarnos maduros espiritualmente delante las adversidades.
El corazón de Dios desea que dependamos de él en cada momento y en cada situación
de nuestras vidas, sin Desvanecer la confianza depositada en él. Las tempestades son pedagogías que cooperan y
obran para nuestro bien, a través de ellas, somos moldeados y transformado día
a día.
Ante los vendavales
de la vida, es necesario abrir nuestro corazón y contarle al Señor todo aquello
que nos sucede. Sabiendo de antemano que es de él, que viene su favor,
compasión, misericordia, fuerza, salvación y protección en momentos de
angustia.
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