“porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree,
no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16
Talves no
consiga comprender con exactitud, la tamaña intensidad de amar de nuestro
creador, sabiendo que él es el proprio amor y la propia esencia de su
definición.
Recuerdo
que un sábado por la mañana, mi amigo luís, me convido para ir a visitar a un adolescente de 17 años y llevar
las buenas nuevas en su casa y convidarlo a participar de un grupo pequeño cerca del barrio donde vivimos. Por la gracia
de Dios, el ambiente donde estuvimos se hizo tan agradable. Percibiendo que su
presencia estaba en todo tiempo a nuestro lado, pese a algunas referencias no
considerables a su respecto al uso de bebidas y drogas, eso no nos torno las personas más indiferentes, al
contrario; fue el inicio de una grande amistad, sintiendo su dolor y
entendiendo su corazón. Es maravilloso ver, como Dios obra en la vida de él, en
lo más mininos detalles, tanto en su crecimiento espiritual, como también
familiar.
A través de
este versículo; Dios nos revela el propósito de su corazón, para mostrar a la humanidad
cuán importante somos para él; deseando que todos conozcan el conocimiento de
la verdad, para que ninguno padezca y disfruten de la plenitud
eterna.
Cuando
amamos sentimos placer de dar aquello
que tenemos; de la misma manera Dios
entrego a su único hijo, con un amor sacrificial, como ofrenda agradable por
nuestros delitos y pecados; que muchas
veces el mundo no consigue entender,
para mostrar su inmensurable amor para con la humanidad.
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