lunes, 23 de marzo de 2015

Sustento de Dios en un país Distante


“Elevo mis ojos a los montes de donde me vendrá el socorro? Mi socorro viene de Dios que hizo los cielos y la Tierra. Salmos121.1.2

 Nuevamente estoy en casa después de cuatro años de ausencia, el retorno me hace sentir tan feliz y tan amado. Es una tarde agradable con un sol resplandeciente, escucho las entonaciones de las aves de las más diversas especies, son como orquestas  distribuidos en lados diferentes, que  elevan al  cielo gratitud y gestos de un amor incomparable. 

 Una semana anterior, después de haber visitado la casa de una amiga misionaria y haciéndose ya un poco tarde, conocí a un motorista llamado Claudio y en el transcurso del recorrido me comenzó hablar de Dios y las cosas que Él había hecho en su vida. Cambiamos algunos números telefónicos y amablemente me convido para ir a la iglesia un sábado a noche. Acepte la invitación  con total gentileza.

Recuerdo que mi semana fue muy atribulado, el dinero se estaba acabando, los alimentos en casa solo durarían para un domingo, la preocupación se tornaba evidente y estaba siendo guiado por la ansiedad. Ya era sábado de mañana y pedí al señor de su providencia, le dije que solo tenía una moneda en el bolso y que no sabría que hacer en el siguiente día.

La noche llego, había en el templo alrededor de 100 personas, recuerdo que estaba en las últimas fileras y en el momento de la adoración, un hombre me miro, se aproximo a mi lado desconfiadamente y luego se retiro; tres veces hizo lo mismo sin entender su aptitud. En su último intento, coloco en mi bolso un sobre blanco y se retiro, dejándome atónito, todavía sin  comprender. Después de terminar el Culto se aproximo a mi lado y me dijo: Dios toco en mi corazón en darte un dinero por me dijo que lo estabas necesitando, mas replique al Señor diciendo: padre este dinero era para comer una pizza que había ganado de otra persona, por hacer algunos reparos simples en su casa. Más Dios le respondió: él lo Precisa.

Los cuidados de Dios, son manifestados todos los días en nuestras vidas, de una manera tan notoria que muchas veces, no conseguimos visualizar y estos cuidados pueden ser percibidos en los más simples detalles de cada amanecer. Las circunstancias nos llevan a tomar una dirección, tan desproporcionada, haciéndonos creer que Dios no se importa con nuestras vidas, desacreditando en su fidelidad. Es maravilloso saber que Dios trabaja incansablemente por aquellos que en  él esperan, siendo así, nuestro socorro bien presente en las horas de angustia.







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