“Elevo
mis ojos a los montes de donde me vendrá el socorro? Mi socorro viene de Dios
que hizo los cielos y la Tierra. Salmos121.1.2
Nuevamente estoy en casa después de cuatro
años de ausencia, el retorno me hace sentir tan feliz y tan amado. Es una tarde
agradable con un sol resplandeciente, escucho las entonaciones de las aves de las
más diversas especies, son como orquestas distribuidos en lados diferentes, que elevan al
cielo gratitud y gestos de un amor incomparable.
Una semana anterior, después de haber visitado
la casa de una amiga misionaria y haciéndose ya un poco tarde, conocí a un
motorista llamado Claudio y en el transcurso del recorrido me comenzó hablar de
Dios y las cosas que Él había hecho en su vida. Cambiamos algunos números
telefónicos y amablemente me convido para ir a la iglesia un sábado a noche.
Acepte la invitación con total
gentileza.
Recuerdo
que mi semana fue muy atribulado, el dinero se estaba acabando, los alimentos
en casa solo durarían para un domingo, la preocupación se tornaba evidente y
estaba siendo guiado por la ansiedad. Ya era sábado de mañana y pedí al señor
de su providencia, le dije que solo tenía una moneda en el bolso y que no
sabría que hacer en el siguiente día.
La
noche llego, había en el templo alrededor de 100 personas, recuerdo que estaba
en las últimas fileras y en el momento de la adoración, un hombre me miro, se
aproximo a mi lado desconfiadamente y luego se retiro; tres veces hizo lo mismo
sin entender su aptitud. En su último intento, coloco en mi bolso un sobre
blanco y se retiro, dejándome atónito, todavía sin comprender. Después de terminar el Culto se
aproximo a mi lado y me dijo: Dios toco en mi corazón en darte un dinero por me
dijo que lo estabas necesitando, mas replique al Señor diciendo: padre este
dinero era para comer una pizza que había ganado de otra persona, por hacer
algunos reparos simples en su casa. Más Dios le respondió: él lo Precisa.
Los
cuidados de Dios, son manifestados todos los días en nuestras vidas, de una
manera tan notoria que muchas veces, no conseguimos visualizar y estos cuidados
pueden ser percibidos en los más simples detalles de cada amanecer. Las
circunstancias nos llevan a tomar una dirección, tan desproporcionada,
haciéndonos creer que Dios no se importa con nuestras vidas, desacreditando en
su fidelidad. Es maravilloso saber que Dios trabaja incansablemente por
aquellos que en él esperan, siendo así, nuestro
socorro bien presente en las horas de angustia.
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