viernes, 27 de marzo de 2015

Una visita inesperada


Descarguen en él todas sus angustias , porque él tiene cuidado de ustedes
(1 Pedro 5:7)


Hace muchísimos años no veía a la señora Gertrudis, mi visita fue sin previo aviso, no acostumbro hacer estos tipos de cosas, siempre suelo llamar o avisar antes de ir; más en aquel día, sentí en mi corazón procurarla; cuando nos vimos, nos abrazamos profundamente y nuestra conversa se extendió, fue como colocando las cosas en día.

Su salud no estaba buena, daba para percibirlo, si no fue fuese  la misericordia de Dios; me decía, yo no me mantendría en pie, es Él quien me sustenta, mismo en mis debilidades
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Cuando Jesús fue a la casa de Pedro, vio a la suegra de él, convaleciente en la cama por una fuerte fiebre, enseguida le toco la mano y la fiebre paso y ella se levanto e empezó a servirles ( Mateos 8:14).  

 En aquel día Gertrudis viajaría por la tarde, para la Capital en un retiro espiritual de 3 días, ella me decía, tengo la convicción de ser sanada por Cristo y buscar mis bendiciones.

Después de aquel Retiro, fui a procúrala y al verla, estaba totalmente diferente con un semblante radiante y feliz. Jesús había restaurado su salud y acrecentado su fe. En su boca solo salía palabras de agradecimiento que exaltaban y glorificaban el nombre del Señor. ¡Nuestro Dios es maravilloso! ¡Grande es el Señor! 

 Dios revigoriza las fuerzas al cansado y las fortalece, dándonos ánimos para proseguir para el camino eterno. Derramando siempre de su gracia al quien cree, confía y espera en Él. No desamine. En sus manos está el control de todas las cosas, siempre obrando en favor de nuestro bien.

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