Descarguen en él todas sus angustias , porque él tiene cuidado de ustedes
(1 Pedro 5:7)
Hace
muchísimos años no veía a la señora Gertrudis, mi visita fue sin previo aviso,
no acostumbro hacer estos tipos de cosas, siempre suelo llamar o avisar antes de ir; más en aquel día, sentí en mi
corazón procurarla; cuando nos vimos, nos abrazamos profundamente y nuestra
conversa se extendió, fue como colocando las cosas en día.
Su
salud no estaba buena, daba para percibirlo, si no fue fuese la misericordia de Dios; me decía, yo no me
mantendría en pie, es Él quien me sustenta, mismo en mis debilidades
.
Cuando
Jesús fue a la casa de Pedro, vio a la suegra de él, convaleciente en la cama
por una fuerte fiebre, enseguida le toco la mano y la fiebre paso y ella se
levanto e empezó a servirles ( Mateos 8:14).
En aquel día Gertrudis viajaría por la tarde,
para la Capital en un retiro espiritual de 3 días, ella me decía, tengo la
convicción de ser sanada por Cristo y buscar mis bendiciones.
Después
de aquel Retiro, fui a procúrala y al verla, estaba totalmente diferente con un
semblante radiante y feliz. Jesús había restaurado su salud y acrecentado su
fe. En su boca solo salía palabras de agradecimiento que exaltaban y
glorificaban el nombre del Señor. ¡Nuestro Dios es maravilloso! ¡Grande es el
Señor!
Dios revigoriza las fuerzas al cansado y las
fortalece, dándonos ánimos para proseguir para el camino eterno. Derramando siempre
de su gracia al quien cree, confía y
espera en Él. No desamine. En sus manos está el control de todas las cosas,
siempre obrando en favor de nuestro bien.
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